La natación es uno de los pocos deportes que se viene practicando de forma continua desde los primeros juegos paralímpicos en 1960, Roma.
En la natación paralímpica se practican cuatro estilos: libre, pecho, espalda y mariposa, sin olvidar los relevos. Todas las pruebas se llevan a cabo en pileta olímpica de 50 metros y los nadadores pueden salir desde tres posiciones: de pie sobre el cubo, sentados en el cubo o desde el agua. En este deporte los atletas se clasifican en función de cómo afecta su discapacidad a la hora de practicar cada estilo.
La clasificación se divide de acuerdo a las limitaciones que poseen los atletas y es más o menos así:
S1 a S10 engloba a aquellos que tienen discapacidad física o parálisis cerebral, siendo los de S1 los más afectados y los de S10 los menos afectados.
La clase S11 se reserva para los nadadores con ceguera.
S12 y S13 corresponde a deficientes visuales y S14 a discapacidad intelectual.
Quiero aclarar en este punto, que existen muchísimos deportes adaptados para atletas con discapacidad, pero yo amante del agua me detengo sobre la bella y noble natación.

Tenemos muchos representantes a nivel nacional e internacional, uno de los que tuve la oportunidad de conocer es a Guillermo Marro, medallista olímpico que tiene una fundación a través de la cual promueve el desarrollo del deporte adaptado de alto rendimiento, en sus diferentes disciplinas. Su Entrenadora Marcela Belviso es una referente del deporte adaptado con quien pude formarme y hasta el día de hoy nos mantenemos en contacto. He podido asistir a observar sesiones de entrenamiento en River y he quedado realmente maravillada con el trabajo que hacen, ver la fuerza de voluntad de estos atletas que se enfrentan a miles de desafíos diariamente y ver todo el esfuerzo que hay detrás de cada familia es simplemente inspirador.
En una de mis jornadas de cronometrista en el CeNARD (Centro de Alto Rendimiento Deportivo), donde pude apreciar a muchos nadadores con diferentes características, pero lo que más me marcó es la actitud y la fuerza de voluntad que tienen, son un ejemplo de lucha y de vida para muchos otros chicos y familias, mismo para la sociedad en sí y para quienes no tenemos ningún tipo de limitación motora o intelectual.
Ver nadadores con ceguera total o parcial, ir por el centro del carril nadando derechísimos, ver a quienes que se largan desde el agua sujetando una toalla con la boca en lugar de sujetarse del borde con sus brazos, a los que llegan en sillas de rueda y cuando se bajan de ella se mueven con total normalidad o mismo así a quienes a simple vista no presentan una afección pero cuando entran al agua la falta de fuerza es notable, ver a cada uno de los atletas es ver una historia de vida, es sentir la pasión a la par de ellos y es inevitable pensar “y yo me quejo”.

Más allá de haber estudiado todo lo que tiene que ver con la formación técnica, saber todas estas cuestiones no tiene nada que ver con llevarlo a la práctica ni verlo en vivo y en directo.
Para seguir deleitándolos con ejemplos les comento: los nadadores con sordera tienen en el cubo de partida una luz que reemplaza la señal sonora de largada bajo la cual dan comienzo a la prueba.
Una de las grandes maravillas, al menos para mí, es cuando puedo ver a los entrenadores de nadadores con ceguera indicarles el momento de realizar la vuelta americana. Esto ocurre de la siguiente manera: los entrenadores poseen un bastón largo con una pelotita en la punta como una especie de hisopo con el cual tocan la cabeza del nadador y este interpreta que debe realizar la vuelta americana. Es realmente sorprendente. Para ponernos más gráficos: nadadores que no ven, pero que claramente tienen un dominio del cuerpo y del espacio increíble dentro del agua, cuando se avecina la pared confían plenamente en su entrenador quien les dará la orden para ejecutar la acción de viraje sin ver, sin chocarse la pared, ni quedar demasiado lejos. Claramente para que todo esto sea posible debe existir entre ellos un enorme vínculo de confianza, imagínense.
Este es un artículo modificado a partir de uno que escribí hace un tiempo y que quería compartir con ustedes. Cuando lo escribí la vez anteriormente fue el 22 de Junio de 2014, ese día se llevaba a cabo por primera vez el cruce al Canal de la Mancha – estrecho que une mediante 34 kilómetros a Francia con la Isla de Gran Bretaña – por un grupo de siete atletas paralímpicos, fue denominado como “el reto más grande del mundo”. El primer hombre en conseguir completar el cruce fue Matthew Webb en 1875 y la primer mujer en lograrlo fue Gertrude Ederle en 1926 a quien apodaron como “la reina de las olas”.
Con respecto a nadadores argentinos, en 1961 Antonio Abertondo fue el primer hombre en realizar el doble cruce al Canal de La Mancha, recorrió 44 millas entre ida y vuelta. También fue el primer argentino en cruzar el estrecho de Gibraltar. Quien siguió a Antonio fue Enriqueta Corina Duarte, la primer mujer argentina que realizó el cruce a nado del Canal de la Mancha con un tiempo de 13 horas y 26 minutos.
Quiero felicitar a cada una de las personas que con o sin limitaciones, día a día buscan superarse. También a todos aquellos a los que estén por adentrarse en este maravilloso y hermoso deporte que es tan noble como inspirador.
Espero haberlos inspirado a compartir un poco de las diferentes realidades que nos rodean y que de a poco hagamos del mundo un lugar más empático e integrador.
Gracias por su tiempo al leerme
Juliana Aguiar, Entrenadora

